Artículo
publicado en el suplemento Culturas de La Vanguardia.
29 junio 2005
Un reino a su medida (por Mery Cuesta)
Allí estaba Julio, sonriente y henchido, espatarrado, con la
seguridad de ser Rey de su Reino, un Reino levantado con enconado
esfuerzo. A Julio le había perdido la pista con el final de
la carrera de Bellas Artes. Ni siquiera sabía que nuestro rumbo
había sido el mismo: Barcelona, ciudad que, por contra de Bilbao,
se prometía llena de oportunidades. Mi encuentro con su estudio
fue fortuito: caminaba por Gracia, con la legaña puesta cuando
leo un placa: "Julio Arriaga. Artixta". Me suena, entro,
y le reencuentro.
Yo le recordaba como sigue siendo: un auténtico ejemplar
de bilbaíno, esto es, fanfarrón, animoso y resistente.
Tanto como para abrir un local tan atípico como el Xtudio y
sacarlo adelante con éxito durante estos tres últimos
años. Su historia empieza como la de muchos trabajadores del
arte que venimos de fuera: desde cero. Ser un pintor-pintor en su
concepción más romántica y buscar, portafolio
en mano, un lugar para exponer es amargante. A Julio le pidieron 300.000
pesetas por exponer en algunas galerías de Consell de Cent,
para pagar los folletos, le decían. Julio busca una solución.
¿Porqué no montar su propia galería, y que sea
también taller con escaparate? Este concepto de partida para
su proyecto personal, el Xtudio, resultó en un espacio híbrido
y poco habitual.
El Xtudio tiene mucho de cabina de prostituta amsterdanesa,
porque está a pie de calle, porque su color es el rojo, y por
el enorme escaparate que ofrece a un Julio exhibicionista, encantado
de dejarse observar. El artista seducido por sí mismo y consciente
de la seducción que ejerce, se entrega, y nos sirve en bandeja
los trances de arrebatamiento inspirador que se le suponen. El Xtudio,
situado en el número 10 de la calle La Perla, acoge a todo
curioso e interesado.
A menudo, alguien desconocido entra y se sienta. Unos minutos de comentar
los cuadros, y de ahí, a hablar de sus cuitas. "Hay gente
que viene una temporada, se descarga, y deja de venir, pero siempre
van apareciendo personajes nuevos; el Xtudio -prosigue Julio- parece
a veces un gabinete psicológico". La gente se suelta delante
de los cuadros, del color. Y Julio aprovecha este flujo de visitas
rotatorias para rebajar sus dibujos a 30 , ya que por este precio
es fácil que los visitantes, tras la charla, se animen a llevarse
uno o varios. Estos precios, el trato sin intermediarios, la hospitalidad,
la accesibilidad del taller... todo ello acerca el arte a la gente,
opina. Julio es marchante, artista y galerista, todo a la vez, y el
Xtudio es su solución forzosa frente a la nula permeabilidad
de las estructuras de exhibición del arte. Aquí reside
uno de sus grandes valores, factor humano aparte.
Para ´8.000 pelas´Julio ha preparado una pieza sobre palés
encontrados. Los palés, las cajas de madera o los troqueles
publicitarios que tira el vecino cine Verdi hacen a menudo de soporte
para sus creaciones. El protagonista de la pieza (Julio es un pintor
figurativo) es ´El Hombre de los 7 miembros´, una de las
diferentes mutaciones de un personaje icónico y referencial
en su obra llamado N-Kíen, que le acompaña desde hace
diez años. Julio le representa en variopintas situaciones,
dotándole siempre de un complejo entramado de símbolos
misteriosos (como la mancha roja bajo el ojo o la cruz en el pecho)
cuyos significados se resiste a desvelar.
Sobre los palés, El Hombre se enfrenta a una cuadrícula
de trazo trémulo que representa la noción de arte académico
y sus estructuras establecidas. Julio percibe de manera muy real una
dicotomía entre ésta y su concepción personal
de la creación, libre de cualquier imposición. Su desvinculación
del circuito galerístico gracias a la creación de su
propia estructura le dota de total libertad en todos aspectos. Sin
embargo, explica, "la pieza es una reivindicación de mi
postura: me meto pero no". Julio no repudia el sistema del arte
y sabe (como también lo sé yo) que acabará viajando
y viviendo con holgura gracias a su obra. Con esa pose chulesca que
le caracteriza y mirándome a los ojos me jura: "Yo ya
vivo de esto... pero viviré mejor".
Mery Cuesta. |
|
|
|